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¿Debemos separar a la persona del artista?

Marco Vázquez
21 abr
4 min de lectura


Cada vez es más común encontrarse por los medios como salen a la luz diferentes

casos de abusos o de otras prácticas inmorales realizados por personas que

tienen el estatus de grandes artistas en nuestra sociedad. Movimientos como el

feminismo o el MeToo, en Hollywood, han ayudado en gran medida a no hacer

callar a las víctimas y que los victimarios no sean encubiertos por poseer un gran

poder. La condena y el repudio hacia grandes artistas por sus comportamientos ha

levantado la duda en muchas personas de si se debe seguir consumiendo sus

obras o proyectos, o si debemos separar al autor de la obra.


Grandes artistas han cometido grandes pecados, pero eso no los hace ser menos

importantes en la sociedad que conocemos hoy en día. Sus despreciables

actitudes manchan su carrera, eso es más que cierto, pero el conocimiento de

estas no debería denostar los avances que supusieron para sus respectivas

disciplinas. A su vez, hay que comprender que muchas personas no son capaces

de olvidar lo que muchas obras han supuesto para sus vidas, y se ven sometidos a

la presión de “deber odiar” toda la faceta de ese artista por los terribles hechos

que han cometido. El ejemplo perfecto es Picasso, de quien recientemente, en

2023, se descubrió su perversa faceta de maltratador con sus mujeres e hijos.

Desde entonces, nadie ve al malagueño con los mismos ojos, ni permite que su

figura sea ensalzada por su obra en redes sociales o en otros medios. Esta

distinción, casi de un día para otro, cuando hablamos de una personalidad tan

importante, es complicado de abordar. Comprender y denunciar la brutalidad de

los hechos que ha cometido el pintor no es incompatible con seguir admirando la

profundidad y el trasfondo que tiene el Guernica, o el avance que supusieron las

señoritas de Avignon.También, muchas personas afirman que toda obra está ligada a su autor.


Siguiendo esta afirmación, aseguran que es totalmente incompatible consumir

cualquier proyecto de un artista que haya cometido hechos repudiables sin

pensar en ellos. Esta premisa considera que todo autor está ligado a su obra, pero

en la mayoría de los casos no suele ser así, disciplinas como la pintura, el cine o

incluso la música cuentan con artistas que están inmersos en innumerables

proyectos, conformados por un gran número de personas. Desestimar cada uno

de los proyectos en los que participe una persona que sea repudiable, sería

desmeritar el trabajo de un sinfín de profesionales. Un ejemplo de ello es el de

Harvey Weinstein, un auténtico monstruo de Hollywood, que abusó de cientos de

actrices, pero que a su vez ha formado parte de muchos proyectos que son parte

fundamental de nuestra sociedad, como puede ser El Señor de los Anillos.

Denunciar a seres despreciables como estos no debería manchar las obras en las

que han participado cientos de implicados solo porque uno fuese un acosador

sistemático.


Teniendo en cuenta la necesidad de separar a la persona del artista, con el fin de

que el consumo no se vea completamente censurado, esta sociedad actual

tampoco está ayudando. Un caso realmente reciente es el de Timothée Chalamet,

quien perdió el Oscar a mejor actor protagonista por unas desafortunadas

declaraciones semanas antes de producirse la premiación. Las redes sociales

impactaron en gran medida en este suceso, pidiendo que no ganara la estatuilla, e

incluso que ni se presentara a la gala. Su actuación en Marty Supreme fue

merecedora de Oscar y debió haber ganado el Oscar, pero el aparato mediático

consideró que una persona que, a pesar de hacer unas declaraciones

desafortunadas, no había hecho ningún mal a nadie, no debía ser galardonada con

tal premio. Esta situación nos hace plantear cuál es el sentido de censurar o

impedir que ciertas personalidades continúen actuando, o cantando como pasó

con el caso reciente de Rosalía por sus declaraciones sobre Picasso, por

simplemente dar su opinión. En este caso no estamos hablando de maltratadores

ni de abusadores, donde el debate puede estar más abierto, sino de simples

jóvenes que expresan ideas, equivocadas, pero propias y sin aparente mala

intención. Es natural que muy poca gente esté de acuerdo con sus declaraciones,

pero esto no quita que su falta en sus debidas disciplinas sería una gran pérdida

para todos.


Contrario a todo lo planteado, el debate generado por conseguir que los artistas

sean uno solo con la persona ha conseguido que se conozca en mayor medida sus

vidas. Comprender otras facetas de la vida de los famosos nos ayuda a no caer en

la trampa de idealizarlos, pensando que todo lo que hacen es correcto y

perdonando o restándole importancia a cosas que hagan. Es bueno que se abra

un debate sobre la difusión de obras de personas que han cometido graves erroresen su debido momento y que han sido ensalzados como genios, revisando sus

obras y entendiéndolas desde otro prisma para saber que querían expresar con

ellas y que les movía realmente. Esta revisión, conociendo su vida, es lo más

importante, no se trata realmente de censurar, sino de dar a conocer a todo el

mundo quién ha sido esta persona y qué ha hecho, y a partir de ese momento,

cualquiera tiene la libre decisión de consumir o no sus obras, sin desmeritar la

función que han tenido sus trabajos para la sociedad.


En conclusión, la separación o no de la persona con el artista viene de la visión de

la vida de cada uno, entender qué aportan las obras que hacen esas personas

para nuestra sociedad, incluso denunciando sus hechos, es de vital importancia

para responder la pregunta del título. No cerrarse en únicamente censurar y

olvidar todo lo que ha hecho esa persona porque sea despreciable, en cierta

medida, todas las personas que han sido grandes para construir nuestros tiempos

lo han sido. Por ello debemos comprender y separar lo que sea imprescindible

para nuestra sociedad y denunciar aquello que fue terrible y que no debe ser

blanqueado.

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