¿Debemos separar a la persona del artista?

Cada vez es más común encontrarse por los medios como salen a la luz diferentes
casos de abusos o de otras prácticas inmorales realizados por personas que
tienen el estatus de grandes artistas en nuestra sociedad. Movimientos como el
feminismo o el MeToo, en Hollywood, han ayudado en gran medida a no hacer
callar a las víctimas y que los victimarios no sean encubiertos por poseer un gran
poder. La condena y el repudio hacia grandes artistas por sus comportamientos ha
levantado la duda en muchas personas de si se debe seguir consumiendo sus
obras o proyectos, o si debemos separar al autor de la obra.
Grandes artistas han cometido grandes pecados, pero eso no los hace ser menos
importantes en la sociedad que conocemos hoy en día. Sus despreciables
actitudes manchan su carrera, eso es más que cierto, pero el conocimiento de
estas no debería denostar los avances que supusieron para sus respectivas
disciplinas. A su vez, hay que comprender que muchas personas no son capaces
de olvidar lo que muchas obras han supuesto para sus vidas, y se ven sometidos a
la presión de “deber odiar” toda la faceta de ese artista por los terribles hechos
que han cometido. El ejemplo perfecto es Picasso, de quien recientemente, en
2023, se descubrió su perversa faceta de maltratador con sus mujeres e hijos.
Desde entonces, nadie ve al malagueño con los mismos ojos, ni permite que su
figura sea ensalzada por su obra en redes sociales o en otros medios. Esta
distinción, casi de un día para otro, cuando hablamos de una personalidad tan
importante, es complicado de abordar. Comprender y denunciar la brutalidad de
los hechos que ha cometido el pintor no es incompatible con seguir admirando la
profundidad y el trasfondo que tiene el Guernica, o el avance que supusieron las
señoritas de Avignon.También, muchas personas afirman que toda obra está ligada a su autor.
Siguiendo esta afirmación, aseguran que es totalmente incompatible consumir
cualquier proyecto de un artista que haya cometido hechos repudiables sin
pensar en ellos. Esta premisa considera que todo autor está ligado a su obra, pero
en la mayoría de los casos no suele ser así, disciplinas como la pintura, el cine o
incluso la música cuentan con artistas que están inmersos en innumerables
proyectos, conformados por un gran número de personas. Desestimar cada uno
de los proyectos en los que participe una persona que sea repudiable, sería
desmeritar el trabajo de un sinfín de profesionales. Un ejemplo de ello es el de
Harvey Weinstein, un auténtico monstruo de Hollywood, que abusó de cientos de
actrices, pero que a su vez ha formado parte de muchos proyectos que son parte
fundamental de nuestra sociedad, como puede ser El Señor de los Anillos.
Denunciar a seres despreciables como estos no debería manchar las obras en las
que han participado cientos de implicados solo porque uno fuese un acosador
sistemático.
Teniendo en cuenta la necesidad de separar a la persona del artista, con el fin de
que el consumo no se vea completamente censurado, esta sociedad actual
tampoco está ayudando. Un caso realmente reciente es el de Timothée Chalamet,
quien perdió el Oscar a mejor actor protagonista por unas desafortunadas
declaraciones semanas antes de producirse la premiación. Las redes sociales
impactaron en gran medida en este suceso, pidiendo que no ganara la estatuilla, e
incluso que ni se presentara a la gala. Su actuación en Marty Supreme fue
merecedora de Oscar y debió haber ganado el Oscar, pero el aparato mediático
consideró que una persona que, a pesar de hacer unas declaraciones
desafortunadas, no había hecho ningún mal a nadie, no debía ser galardonada con
tal premio. Esta situación nos hace plantear cuál es el sentido de censurar o
impedir que ciertas personalidades continúen actuando, o cantando como pasó
con el caso reciente de Rosalía por sus declaraciones sobre Picasso, por
simplemente dar su opinión. En este caso no estamos hablando de maltratadores
ni de abusadores, donde el debate puede estar más abierto, sino de simples
jóvenes que expresan ideas, equivocadas, pero propias y sin aparente mala
intención. Es natural que muy poca gente esté de acuerdo con sus declaraciones,
pero esto no quita que su falta en sus debidas disciplinas sería una gran pérdida
para todos.
Contrario a todo lo planteado, el debate generado por conseguir que los artistas
sean uno solo con la persona ha conseguido que se conozca en mayor medida sus
vidas. Comprender otras facetas de la vida de los famosos nos ayuda a no caer en
la trampa de idealizarlos, pensando que todo lo que hacen es correcto y
perdonando o restándole importancia a cosas que hagan. Es bueno que se abra
un debate sobre la difusión de obras de personas que han cometido graves erroresen su debido momento y que han sido ensalzados como genios, revisando sus
obras y entendiéndolas desde otro prisma para saber que querían expresar con
ellas y que les movía realmente. Esta revisión, conociendo su vida, es lo más
importante, no se trata realmente de censurar, sino de dar a conocer a todo el
mundo quién ha sido esta persona y qué ha hecho, y a partir de ese momento,
cualquiera tiene la libre decisión de consumir o no sus obras, sin desmeritar la
función que han tenido sus trabajos para la sociedad.
En conclusión, la separación o no de la persona con el artista viene de la visión de
la vida de cada uno, entender qué aportan las obras que hacen esas personas
para nuestra sociedad, incluso denunciando sus hechos, es de vital importancia
para responder la pregunta del título. No cerrarse en únicamente censurar y
olvidar todo lo que ha hecho esa persona porque sea despreciable, en cierta
medida, todas las personas que han sido grandes para construir nuestros tiempos
lo han sido. Por ello debemos comprender y separar lo que sea imprescindible
para nuestra sociedad y denunciar aquello que fue terrible y que no debe ser
blanqueado.

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