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“El depredador de Sevilla”: una docuserie sobre uno de los peoresdepredadores sexuales que ha tenido España

Daniela Tojo
28 abr
4 min de lectura

Título: El Depredador de Sevilla

Año: 2026

Duración: 3 episodios de unos aproximados 50 minutos

Dirección: Atresmedia en colaboración con Newtral

Género: Serie documental

Plataforma: Netflix


Imagen del portal de Netflix, portada de la docuserie “El depredador de Sevilla”


La docuserie, estrenada el 27 de marzo en la plataforma digital de Netflix, producida por Atresmedia en colaboración con la periodista, Ana Pastor – Newtral y dirigida por Alejandro Olvera, narra, a través del testimonio real de una de las víctimas, Gabrielle Vega, junto a otras afectadas, la extensa investigación sobre cómo una red de viajes para estudiantes internacionales se convirtió en el escenario de múltiples agresiones sexuales que fueron ocultadas durante años.


El documental, estrenado hace pocas semanas, se ha situado en el Top 10 de la plataforma en estos días. Los tres capítulos que incluye reconstruyen años de violencia sexual por parte de Manuel Blanco hacia las jóvenes de procedencia norteamericana en viajes realizados por su empresa, Discover Excursions. Se trata de un caso de alcance internacional, no tan conocido como otros, en el que ahora la justicia española toma cartas en el asunto para encarcelar a un depredador sexual que se mantiene actualmente en libertad provisional. La ira, el desconcierto y la lástima genera una reacción de impotencia ante el caso destapado por una de las víctimas.


La producción ofrece un recorrido detallado por los hechos, tomando como referencia la ardua investigación realizada por Gabrielle Vega para detener a quien identifica como su agresor, Manuel White o “príncipe de Sevilla” como él mismo se hacía llamar. En la serie no solo se muestra el tormento que vivieron las víctimas y el modus operanti que el empresario seguía con ellas, sino que también se plantea una crítica social contundente hacia la actuación policial, los vacíos del sistema judicial y la atención a las víctimas. Intentando no solo exponer una serie de hechos, sino, además de invocar a la reflexión pública.


Desde el momento que comienza el primer episodio, el documental te sumerge en los acontecimientos ocurridos a Gabrielle Vega al rededor del año 2015, cuando decide junto con unas amigas contratar un viaje a Marruecos con Discover Excursions a un precio muy económico.


Vega narra los hechos que sufrió en aquel viaje, cuando apenas tenía 19 años, y la incredulidad comienza a inundar al espectador. La forma en la que describe cómo se levantó al día siguiente, sin apenas poder caminar y con escasos recuerdos, genera una profunda sensación de angustia. Aunque no se haya vivido una experiencia similar, el testimonio de la víctima consigue transmitirla con una intensidad que permite percibirla casi en primera persona.


A medida que avanza el relato, la incredulidad inicial se transforma en una creciente sensación de enfado. Las víctimas salen hablando de su experiencia muy similar con aquel agresor: en algunos casos se cometió el abuso; otros se quedaron en intento. Sin embargo, resulta impactante comprobar que el modo de actuación de Blanco siempre era el mismo: aprovechar la ingenuidad de las víctimas, combinarla con alcohol y drogas y, finalmente recurrir a una labia persuasiva que, lejos de generar sospechas, proyectaba una imagen de cercanía, respeto y protección.


El movimiento #Metoo aporta una sensación de amparo, al corroborar de cómo las mujeres seguimos apoyándonos entre nosotras. La valentía de Gabrielle Vega al comenzar con esta extensa y compleja investigación, bajo la atenta mirada de la embajada española en Estados Unidos, resulta inspiradora. Vega asume su dura realidad tras la traumática experiencia que vivió, pero negándose a que otras mujeres sufran lo mismo por la misma persona.


El momento en que ella decide enviar mensajes a sus contactos de Facebook con el texto: “Hola, mi violador sigue violando, comparte esta publicación para detenerlo”. Es la catarsis del documental donde el dolor se transforma en acción y denuncia.


Para mí, el momento más duro como mujer es la sospechosa muerte de Lauren Bajorek, una estudiante estadounidense, donde la misma noche que celebra sus 21 años, acaba trágicamente muerta en el edificio del “Príncipe de Sevilla”.


Ella con 2.99 miligramos de alcohol en sangre; él, 0.00. Un dato que resulta inquietante si se tiene en cuenta que, según testigos, el hombre había estado bebiendo durante toda la noche con la víctima y sus amigas. Un juez de instrucción cerró el caso como un accidente, al concluir que la joven falleció al sufrir un traumatismo craneal al caer desde un décimo piso propiedad del empresario. Una decisión que dejó a una madre sin su única hija y muchas preguntas sin respuesta.


Los 70.000 euros de indemnización que los jueces de la vía civil dictaron para la familia Bajorek nunca serán suficientes ante lo ocurrido, especialmente si se considera que en ese 2018 se permitió dejar en libertad a quien representaba un grave peligro.


El final de la docuserie se sitúa en el 2025, con el juicio entre Gabrielle Vega y Manuel Blanco junto a otras dos víctimas. El proceso genera indignación, tanto por algunas de las preguntas dirigidas a las denunciantes como por la falta de apoyo hacia Vega. Aun así, la condena, cercana a los diez años en prisión, aporta cierto alivio tras años de lucha. Como señala una de las víctimas: “Él nos hizo esto por qué sabía lo vulnerables que éramos”. Ahora queda en manos del Tribunal Supremo que la pena se cumpla plenamente.


Para concluir, “El depredador de Sevilla” se presenta como una docuserie necesaria que no solo reconstruye un caso de extrema gravedad, sino que también pone en foco las fallas del sistema y en la importancia de la voz de las víctimas. El relato centrado en los testigos junto a la producción consigue generar una reflexión profunda e imprescindible sobre la violencia sexual.


Por todo ello, se trata de un contenido altamente recomendable dentro del catálogo de Netflix, especialmente para quienes buscan conocer el caso en profundidad, además de añadirle un enfoque social junto a la capacidad de generar conciencia. No es una serie fácil de ver, pero sí necesaria para comprender la magnitud de este tipo de realidades.

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