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¿Vocación o huida? El dilema familiar en Los domingos

Ismael Romero
28 abr
2 min de lectura

A veces, la decisión más personal de alguien puede convertirse en el mayor problema de

los que tiene alrededor. Esto es lo que pasa en Los domingos, una película que, sin hacer

mucho ruido, te acaba metiendo de lleno en un conflicto de esos que te hacen pensar qué

harías tú en esa situación.


La historia se centra en Ainara (interpretada por la debutante Blanca Soroa), una

adolecsente que decide que quiere ser monja de clausura. A partir de ahí, lo que podría ser

una trama religiosa se convierte en un drama familiar bastante real. Su tía Maite (Patricia

López Arnaiz), que es atea convencida, no puede entenderlo y se empeña en pararle los

pies a toda costa. Mientras tanto, su padre, Iñaki, parece que está a por uvas; está tan

agobiado con las deudas de su nuevo restaurante que casi no se entera de lo que pasa por

la cabeza de su hija.


Lo mejor de la película es que no hay buenos ni malos. Blanca Soroa es un auténtico

descubrimiento; con solo mirar a cámara o con una sonrisa floja te transmite toda la paz que

siente el personaje, pero también sus dudas. No hace falta que hable mucho para que

entiendas que su fe es real.


Por otro lado, Patricia López Arnaiz está increíble como esa tía que, aunque parece que

quiere ayudar, acaba siendo demasiado autoritaria y hasta vengativa. Y el padre, Miguel

Garcés, representa muy bien esa figura del padre ausente que, por estar pendiente del

dinero y del trabajo, no ve que su familia se está desmoronando.

A nivel visual, la película es muy sencilla pero efectiva. Me ha gustado mucho cómo usan la

música para marcar el contraste entre el mundo de fuera y el del convento. Es curioso

escuchar de repente la de "Quédate" de Quevedo en una historia que parece tan seria, pero funciona porque te recuerda que Ainara sigue siendo una chica de su tiempo. La

cinematografía de Bet Rourich también ayuda mucho a crear esa atmósfera un poco

agobiante de la casa frente a la calma de la iglesia.


Al final, la gran pregunta que lanza la película es cómo querer a alguien que está tomando

un camino que tú crees que es un error total. ¿Hay que dejar que se equivoque o hay que

intervenir?


Los domingos es una película agradable de ver, aunque tiene algunos momentos un poco

lentos. No es la típica historia aburrida de religión, sino un análisis muy fino de cómo nos

comunicamos (o no) con nuestra familia. Las actuaciones son de lo mejor que se ha visto

últimamente y solo por ver el debut de Blanca Soroa ya merece la pena.

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