Un premio que va más allá de la actuación, el Óscar de Michael B. Jordan
Laura Torrado

Michael B. Jordan tras ganar el Óscar a mejor actor. Fuente: Jordan Strauss
El pasado domingo 15 de marzo tuvo lugar la 98ª edición de los Premios Óscar, una
entrega marcada tanto antes como después de su celebración por la categoría de
mejor actor, donde el galardón finalmente se lo llevó Michael B. Jordan por delante
de Timothée Chalamet.
A dos días de la gala del cine todo el mundo sigue hablando de la injusta derrota
que sufrió Chalamet por la película Marty Supreme, pero la realidad es que no había
ninguna razón de peso por la que él ameritase el premio.
El principal motivo por el que muchos fanáticos y críticos del cine estás molestos
por la derrota de Timothée Chalamet en los Óscars, es porque según ellos
Chalamet hace un mejor trabajo actoral que Michael B. Jordan, y por lo tanto se
merece más el premio. Pero la realidad es que no conocen cómo funcionan los
Óscars, ya que por desgracia o por fortuna no galardonan solamente el talento, sino
que se trata de un cúmulo de factores, como el contexto actual, el tema y el género
de la película, el marketing realizado por el propio actor durante la temporada de
premiación, etc. Y normalmente el ganador acaba siendo el que mejor encaja
dentro de todos estos parámetros y no el que mejor actúa. Un ejemplo de esto es el
Óscar que posee Leonardo Di Caprio por The Revenant, pues en 2016 Michael
Fassbender se posicionaba como el actor que más destacaba por su actuación,
además de que probablemente no es el mejor trabajo actoral que ostenta Di Caprio.
Sin embargo, la academia se inclina por valorarlo a él en esa ocasión porque es elmomento indicado después de una larga carrera, porque la película ha tenido
mucha visibilidad y porque él como actor realiza un papel muy duro. Una vez se
conocen los valores que emplean los Óscars para premiar es más obvio el porqué
Chalamet no se lo merecía.
Una de las razones de la victoria de Michael B. Jordan es que el actor no es nada sin
la película, este se integra dentro de ella, no es una actuación aislada. Con el
premio a mejor actor no solo se valora la actuación, sino también qué aporta esta
dentro de la película. Es además una forma de reconocer al film en sí. Por eso
mismo, Jordan se posiciona mejor que Chalamet en esta entrega de los Óscars,
puesto que además de su rol se está valorando la crítica social que inunda a
Sinners, a la trascendencia que tiene en el género de terror que no suele recibir
demasiados premios y sobre todo a un film que celebra la comunidad
afroamericana. Con este premio Sinners se marcha de la gala con una de las
estatuillas más importantes de la noche, una forma de aprecio de la academia a la
película. Una academia a la que simplemente le ha gustado más Sinners que Marty
Supreme, y así lo reflejan las 16 nominaciones y 4 premios que ha obtenido la
primera frente a las 9 nominaciones y ningún galardón de la segunda.
Una cuestión utilizada por los defensores de Timothée para explicar su pérdida del
Óscar es su mala gestión del discurso. Una excusa con la que desmeritan a los
premios y a la industria, dando a entender que la academia perjudica a los
polémicos y agasaja a los que no se pronuncian. En este caso Chalamet y Jordan
respectivamente. Sin embargo, esto no es así. Aunque el marketing si que puede
afectar a la hora de las votaciones, las recientes declaraciones de Timothée sobre
la ópera y el ballet no influyeron, ya que se hicieron virales tiempo más tarde de que
las categorías de los Óscars ya estuvieran decididas. Lo que sí pudo tener peso en
la decisión es la actitud chulesca y ambiciosa optada por el actor de Lady Bird
durante la temporada de premiación. Una postura hasta el momento irreconocible
en Chalamet, pero que fue justificada como una prolongación de la actuación de
método con la que se sumergió en su personaje. Es decir, tanto su caracterización
como su personalidad tras la salida de la película se convirtieron en las del propio
personaje a modo de publicidad para el film. Sin embargo, esto mismo que resulta
atractivo para el espectador, podría haber sido visto desde la academia como una
señal de que las líneas entre el personaje y el actor son bastante difusas y que
realmente nunca hubo un Marty Supreme, sino que siempre fue Timothée
Chalamet, lo que evidentemente perjudicaría a la valoración de su trabajo actoral.
En cuanto a la cuestión del talento puede que Jordan no fuera el mejor actor de esta
98ª edición, aunque si fue reconocido por el Sindicato de Actores de Cine (SAG) con
el premio de este año. Pero lo que está claro es que Chalamet tampoco fue el que
más destacó indiscutiblemente. Pues, durante toda la temporada de premiación sebarajaron muchos nombres y para muchos el premio debería haber sido para Di
Caprio, Ethan Hawke o incluso Jesse Plemons que ni siquiera fue nominado.
La sensación de injusticia por el galardón de mejor actor de Michael B. Jordan en
contraposición de Timothée Chalamet, es por tanto una mala lectura de lo que son
los premios Óscars y una evidencia del fanatismo desmedido.
Laura Torrado Pérez



Comentarios